ENAITZ IRIONDO

Han pasado más de 16 años, desde que a nuestro querido hijo Enaitz, le arrebataran su vida de una manera brutal,  tenía 17 años, era un joven alegre, jovial, vivaracho, muy activo, amante de la naturaleza, gran amigo de sus amigos, siempre ayudando a los más débiles, con muchas inquietudes en su interior, muchas ilusiones y muchos proyectos de futuro, que quedaron truncados.

Estábamos disfrutando de nuestras vacaciones de verano en un camping de La Rioja, y una noche de agosto, Enaitz fue con sus amigos y su inseparable bicicleta al pueblecito de al lado, porque habían quedado con unas amigas, así pasaban algunas de las tardes-noches del verano, aunque ese día no fue igual que el resto, esa fatídica noche cuando Enaitz volvía de regreso al camping en su bicicleta, un conductor que circulaba con un gran exceso de velocidad,  lo embistió brutalmente arrebatándole su corta vida de cuajo.

Jamás podremos olvidar aquella horrible noche, una amiga de nuestro hijo, que vio el terrible impacto, comenzó a correr gritando que un coche había atropellado a Enaitz, la noticia se expandió como la pólvora, fuimos corriendo al lugar donde había ocurrido la tragedia, ya estaba la policía, después vino la ambulancia, había mucha gente, queríamos saber que había sucedido, nadie nos decía nada,  hasta que por fin nos confirmaron que Enaitz había sufrido un brutal impacto y debido a él había fallecido… no hay palabras para describir lo que se siente, es  un dolor tan fuerte que te desgarra por dentro, lloras, gritas, te niegas a creerlo, no te dejan acercarte a donde está, ¡no te dejan despedirte!… y piensas ¡no puede ser!, ¡no puede ser!…pero es.

Ese día cambiaron nuestras vidas, con nuestro hijo se fue una parte de nosotros, nos dejó un gran vacío…ya nunca más la vida volvió a ser como antes.

La tristeza invadió nuestro hogar, estábamos sumidos en nuestro dolor, cuando comenzó nuestra tortura judicial, la mala gestión de una jueza que dictó un auto de sobreseimiento libre, (sin haber hecho una mínima instrucción, ni investigación) en vez de dictar  un sobreseimiento provisional, el retraso con el que nos llegó el atestado, (después de dictar el sobreseimiento libre) la mala gestión de un abogado que no indagó lo suficiente y no solicitó la paralización del proceso, la falta de comunicación a la Fiscalía del archivo de la causa, y sobretodo el nefasto atestado que elaboraron los agentes de la guardia civil, en los que había grandes y graves errores en los tres puntos más importantes del mencionado atestado, tales como, 1 – la velocidad a la que circulaba el individuo cuando atropelló a Enaitz, 2 – el punto de impacto y como ocurrió, y 3 –  la prueba de la alcoholemia.

Todo este mal hacer de algunas personas,  hizo que se nos negara un proceso judicial por la vía penal, que era lo que queríamos,  y pese a que en ningún momento estuvimos de acuerdo con el atestado, sin fuerzas, sin conocimientos y sin poder evitarlo, nos cerraron esa vía.

Había transcurrido año y medio, estábamos intentando asumir lo sucedido, recomponer nuestras vidas, cuando el individuo que atropelló y mató a Enaitz nos denunció, porque quería cobrar los desperfectos que el cuerpo de nuestro hijo le había causado a su vehículo cuando cayó sobre él. Por supuesto que en caso de haber sido Enaitz el culpable de lo sucedido, este hombre estaba en su derecho de hacer la reclamación, y la habríamos asumido, pero no era el caso, este hombre se había ido de rositas por todo el mal hacer mencionado anteriormente, y sabiéndolo, tubo la osadía de realizar dicha reclamación, ¡no podíamos dar crédito a lo que estaba sucediendo! y de nuevo nos volvimos a sentir golpeados por el funcionamiento del sistema judicial ¿Cómo un juzgado pudo admitir a trámite una denuncia de ese calibre? nuestro sentimiento fue como si nos clavaran un puñal en una herida sangrante. A nosotros nos negaron un juicio, el juicio que nuestro hijo merecía, y que creo estábamos en nuestro derecho de que se hubiera celebrado, y al individuo que mató a Enaitz le permiten denunciarnos a unos padres, ¡que lo que habíamos hecho había sido perder un hijo!

La denuncia de este hombre llegó a los medios de comunicación y la publicaron en muchos de ellos, se creó un revuelo social y debido a esto muchas personas  nos mostraron su apoyo y afecto, hubo peritos que se ofrecieron para hacer un estudio técnico de lo sucedido, e incluso desde Fiscalía (que fue nuestro único apoyo a nivel judicial) se solicitó la reconstrucción de los hechos al equipo de élite de la guardia civil, el resultado de todos los informes apuntaron en la misma línea, el atestado inicial estaba mal hecho, tenía graves y grandes errores y por fin pudimos confirmar todas nuestras sospechas, a día de hoy este individuo habría sido juzgado por un delito. A lo que hay que añadir que posterior nos enteramos que era reincidente y que no era la primera vez que ocasionaba una tragedia en la carretera.

Tras esta evidencia, con los datos e informes oficiales que acreditaban el mal hacer por parte de la justicia, recurrimos ante diferentes organismos y aunque reconocían alguna irregularidad se acogían al auto de sobreseimiento libre, ¿por el mal hacer de una jueza tenemos que pagar nosotros? ¡¡qué gran injusticia!! finalmente recurrimos a Estrasburgo, tras más de un año de espera nos respondieron diciéndonos que no habíamos agotado todas las vías en este país, cuando lo máximo era acudir al Tribunal Constitucional y lo habíamos hecho por dos veces, ¡increíble! No te dan más explicaciones y en unas líneas le dan el carpetazo a una tragedia tan brutal como lo descrito anteriormente.

Por desgracia sabemos lo que es ser víctima de alguien que te arrebata un ser querido de una manera brutal, pero es que además quien tiene la obligación de reparar parte de ese daño tan grande que ocasionan ciertas personas con sus comportamientos irresponsables, es la justicia, y cuando no lo hace (afortunadamente no todos/as son iguales, porque hay muy buenos profesionales) nos hacen doblemente víctimas.

Nuestra triste experiencia nos ha servido para tener más empatía con las víctimas de la Violencia Vial, no queremos que se vuelva repetir ninguna tragedia similar, pero si desgraciadamente ocurre, que sus familias no se sientan desamparadas, este ha sido nuestro objetivo durante muchos años y lo va a seguir siendo en esta nueva asociación Stop Violencia Vial, es y será luchar por ellas, que no les falte la ayuda, el apoyo y el asesoramiento que nuestra familia no tuvo.

Soy consciente de que el ser humano no es perfecto, todas/os tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos, aunque las personas que tienen el poder de decidir sobre cuestiones tan importantes como es la vida de otras/os, tienen la obligación de hacer su trabajo de la mejor manera  posible y cuando se equivocan tendrían que saber reconocer sus errores y rectificarlos. Nadie debe de sentirse por encima del bien y del mal.

¡Querido Enaitz, te echamos tanto en falta! ¡Es muy duro seguir hacia adelante sin ti! ¡Te quisimos, te queremos y te seguiremos queriendo siempre!, y mientras tenga un mínimo de fuerza, seguiré luchando por la gran injusticia que se cometió.

Rosa María Trinidad

Madre de Enaitz

ENAITZ IRIONDO

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